“Hagamos al hombre a
nuestra imagen y semejanza”
(Génesis 1:26).
Lucas nos da la época
en la que sucedieron los hechos: “En
el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea
Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de
Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia” (Lucas
2:1). Y luego nos narra un tercer evento en la vida de nuestro “patrón”
(recordemos el primero: su presentación a los 8 días por “gratitud” a Dios (no para
salvación, pues ellos ya eran salvos); recordemos el segundo (que tampoco era
para salvación): su “compromiso” con las 613 leyes a los 13; y luego, se nos
explica el tercero: El va, y de buena y propia voluntad se “bautiza” (Lucas
3:21-22), e, inmediatamente nos dice la edad que tenía: 33 años (Lucas 3:23), y
éste evento se cumple para que fuera “lleno” del Espíritu Santo (repetimos otra
vez, no para salvación). Ahora bien, en la era de la gracia vemos que los
discípulos hacían énfasis en: 1- El arrepentimiento; 2- La aceptación del sacrificio del Cristo; y 3- El
bautizo (Hechos 2:38). Así, en el Nuevo Testamento, la edad de la gracia, la
salvación ya no viene por nacer necesariamente en la nación judía o tener
sangre judía (Efesios 2 completo), sino por arrepentimiento genuino; la aceptación del sacrificio de sangre de
Cristo, y luego, bautizarse en agua para ser llenos del Espíritu Santo (siempre
en Hechos 2:38-39). Ese es nuestro patrón ¿Lo estamos siguiendo?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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