viernes, 15 de marzo de 2019

¿Por qué duele tanto la traición?





“Porque no me afrentó un enemigo”
(Isaías 55:13).


Traición: “Es la falta que se comete por no guardar la fidelidad debida”. He allí, el por qué duele tanto. Porque desde tiempos inmemoriales, ésta falta es cometida por una persona “íntima” y no por una desconocida. Caín, traicionó a su hermano Abel, por eso lo mató (Génesis 4:8); Jacob traicionó a su hermano Esaú, por eso estuvieron peleados y distanciados (Génesis 27:41); Saúl traicionó a David, por ello quiso asesinarlo (1ª. Samuel 19:1). La nación de Israel traicionó a Dios, por ello, Dios se separó de ellos (Jeremías 31:32); Judas traicionó a Cristo, por eso le vendió (Mateo 27:3). La traición es castigada muy severamente en las escrituras por ser un acto cometido contra una persona que nos ha brindado “toda” su confianza. Caín tuvo que llevar una señal para siempre (Génesis 4:15); Jacob, tuvo que huir por 20 años para no ser asesinado (Génesis 31:38); A Saúl, Dios le envió un espíritu malo y atormentador por su desaprobación a David (1ª.  Samuel 16:14); Dios se apartó de Israel por su traición (Ezequiel 7:22); Judas perdió su vida material y espiritual por vender a Cristo. Así,  en el matrimonio, también el marido o la esposa infieles sufren grandes consecuencias y frustraciones según nos muestra el Proverbio 6:33: “Y su afrenta (tensiones, críticas, censuras y vergüenzas) NUNCA será borrada”, perdonada por Dios, si hay un arrepentimiento y apartamiento genuino del pecado, sí definitivamente, pero las consecuencias quedan.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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