viernes, 29 de marzo de 2019

Que esté oculto no implica que no esté.




“Líbrame de los que me son ocultos”
(Salmo 19:12).

“Podemos engañar a todos por algún tiempo; podemos engañar a algunos todo el tiempo; pero, no podemos engañar a todos, todo el tiempo”, palabras muy sabias dichas por Abraham Lincoln (16avo. Presidente de la Unión Americana). Y, la escritura nos enseña que: El corazón del hombre es tan engañoso, que muchos de nuestros pecados o errores están tan ocultos que ni nosotros mismos los vemos. El Rey David estaba consciente de ello, fue por eso que escribió éste Salmo 19. Todos, tenemos secretos que no queremos que nadie sepa, aunque la escritura nos dice que tarde o temprano serán descubiertos, pero, lo que sí debemos evitar es tener pecados ocultos (Mateo 10:26). El Rey David era muy débil pero amaba tanto a Dios que quería ser cambiado, por ello su arrepentimiento fue “genuino”, y esa, debe ser nuestra actitud y meta. No importa cuántos pecados expuestos u ocultos tengamos, clamemos a Dios porque nos ayude a sacarlos de nuestra vida. Poca será la vergüenza y el esfuerzo comparados con el galardón eterno que nos espera (Mateo 25:34).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   

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