“Porque tuve hambre y me disteis de comer”
(Mateo 25:35).
Cristo nos narra (Mateo 25) el “momento” del juicio a
la humanidad cuando toda obra que hayamos hecho será calificada (Apocalipsis
20:11-15). Y, también en el libro de Mateo en el capítulo 25 (35-40) nos
explica “cómo” será ese juicio y las “reglas” que serán aplicadas a todos.
Inicia diciéndonos que cuando se le da de comer a un hambriento; cuando se le
tiende la mano a un forastero; cuando se viste a un desnudo; cuando se cubre la
necesidad de alguien en penas o angustias; cuando se cuida a un enfermo; o
cuando se visita en la cárcel a alguien… es como que se le diera de comer a él;
como que se le tendiera la mano a él; como que se le vistiera a él; como si se
le cubriera una necesidad o se le ayudara en una angustia a él; como si se le
cuidara en el lecho de enfermo a él, o, como si se le visitara a él estando
preso (versos 35-40). Y, como contraparte, nos explican que cuando no hacemos
ese tipo de ayudas, servicios o cuidados (pudiéndolo hacer) entonces le desagradamos,
pues es, como si NO hubiéramos querido extender nuestra mano hacia él (verso
45). ¡Qué momento tan lindo habrán de vivir quienes extiendan su mano al
prójimo, pues es como si se la hubieran extendido al mismo Cristo! ¡EL, viene pronto! (Apocalipsis 22:12).
Nota: Entendiendo que NO es por obras la salvación,
sino reconociendo el sacrificio de sangre que Cristo hizo por nosotros. Hacemos
las buenas obras por gratitud a la salvación, no para adquirirla. (Juan 3:16).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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