lunes, 4 de marzo de 2019

Conmigo lo hicisteis.




“Porque tuve hambre y me disteis de comer”
(Mateo 25:35).


Cristo nos narra (Mateo 25) el “momento” del juicio a la humanidad cuando toda obra que hayamos hecho será calificada (Apocalipsis 20:11-15). Y, también en el libro de Mateo en el capítulo 25 (35-40) nos explica “cómo” será ese juicio y las “reglas” que serán aplicadas a todos. Inicia diciéndonos que cuando se le da de comer a un hambriento; cuando se le tiende la mano a un forastero; cuando se viste a un desnudo; cuando se cubre la necesidad de alguien en penas o angustias; cuando se cuida a un enfermo; o cuando se visita en la cárcel a alguien… es como que se le diera de comer a él; como que se le tendiera la mano a él; como que se le vistiera a él; como si se le cubriera una necesidad o se le ayudara en una angustia a él; como si se le cuidara en el lecho de enfermo a él, o, como si se le visitara a él estando preso (versos 35-40). Y, como contraparte, nos explican que cuando no hacemos ese tipo de ayudas, servicios o cuidados (pudiéndolo hacer) entonces le desagradamos, pues es, como si NO hubiéramos querido extender nuestra mano hacia él (verso 45). ¡Qué momento tan lindo habrán de vivir quienes extiendan su mano al prójimo, pues es como si se la hubieran extendido al mismo Cristo!  ¡EL, viene pronto! (Apocalipsis 22:12).


Nota: Entendiendo que NO es por obras la salvación, sino reconociendo el sacrificio de sangre que Cristo hizo por nosotros. Hacemos las buenas obras por gratitud a la salvación, no para adquirirla. (Juan 3:16).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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