“Hagamos al hombre a
nuestra imagen y semejanza”
(Génesis 1:26).
El libro
escrito por Lucas o Lucano como era conocido, quien dicho sea de paso NO fue
uno de los doce apóstoles sino más bien un discípulo de Cristo, inicia
diciéndonos en el capítulo 1 y versos 1-4: “1- Puesto que ya muchos han tratado
de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido
ciertísimas; 2- Tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos,
y fueron ministros de la palabra; 3- Me ha parecido también a mí, después de
haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas
por orden, oh excelentísimo Teófilo; 4. Para que conozcas bien la verdad de
las cosas en las cuales has sido instruido”. Aquí podemos recalcar algunas
situaciones: 1- Se nos habla de una “historia ciertísima” no de una leyenda,
tradición, costumbres o ritos (verso 1); 2- Fue investigado entre quienes sí
fueron testigos, en otras palabras entre fuentes fidedignas (verso 2); 3- Todo
lo escrito fue investigado “diligentemente” (verso 3), siendo que Lucas era una
persona letrada, pues era médico de profesión; 4- Lucas reafirma que lo que nos narrará es
una “verdad” (verso 4). Y en el capítulo 2, él inicia la narración.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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