“Escucha mi oración, y llegue a ti, mi clamor”
(Salmo 102:1).
Salomón, David, Moisés, Asaf (músico del tiempo de
David) y los Coreitas (descendientes de Coré, que eran porteros del Templo),
TODOS elegidos por Dios puesto que eran judíos y parte integral del pueblo de
Dios, lo que hoy llamaríamos “creyentes”. Pues bien, ellos fueron los que escribieron
Salmos como éste 102, en donde “clamaban” por sus penas, angustias y sin
sabores de la vida. Preguntamos: ¿Si desde la antigüedad el pueblo de Dios, o
sea, “creyentes entregados”, derramaron lágrimas, pasaron penas, clamaron por
salir de sus prisiones físicas, espirituales y emocionales porque las tenían,
preguntamos: ¿Quién es el INSENSATO que hoy nos enseña que los creyentes de ésta
éra (nosotros) tendremos OTRA clase de vida con paz, poder y prosperidad, si el
patrón nos muestra todo lo contrario? Que Dios nos prometió paz, poder y
prosperidad y tiene y puede dárnosla “verdadero” (Isaías 59:1), pues él siempre
quiere lo mejor para su pueblo. “Pero”: Uno, no es para todos sino para quién a
él le plazca dárselo (Romanos 9:15); y segundo, somos nosotros los que
impedimos que él pueda cumplir (Exodo 33:20). Pero el punto principal de éste
asunto es el hecho que vemos durante TODA la historia del pueblo de Dios, que
el pueblo de Dios pasa por los mismos problemas y dificultades que el mundo,
con la diferencia que tiene el derecho a “clamarle” y al “clamarle” obtiene el
derecho de su ayuda.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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