“El que me aborrece a
mí, también a mi Padre aborrece” (Juan 15:23). El mayor sacrificio de la
humanidad fue la cruz de Cristo. Ignorar ese sacrificio, transformarlo, ocultarlo,
decorarlo, o, peor aún… negarlo, es negar al mismo Cristo (Juan 3:18-19). Ese
pecado se paga con la muerte eterna. Cualquier doctrina que no sea la de la
cruz de Cristo… niega al Cristo y significa la muerte eterna (Hechos 2:14-39).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario