jueves, 26 de septiembre de 2019

A quien Dios aborrece.




“El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece” (Juan 15:23). El mayor sacrificio de la humanidad fue la cruz de Cristo. Ignorar ese sacrificio, transformarlo, ocultarlo, decorarlo, o, peor aún… negarlo, es negar al mismo Cristo (Juan 3:18-19). Ese pecado se paga con la muerte eterna. Cualquier doctrina que no sea la de la cruz de Cristo… niega al Cristo y significa la muerte eterna (Hechos 2:14-39).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario