Hubo un momento, un
día y una hora para cada evento de la humanidad en el pasado. Nada ha sido por
coincidencia o por casualidad. “Todo tiene su tiempo para lo que se requiere
debajo del sol” (dijo Salomón en Eclesiastés 3:1). Hasta para la segunda venida
del Señor hay un tiempo y una hora específica que nadie conoce (Marcos 13:32).
Muchas de las oraciones y peticiones que hacemos al Señor también tienen “su”
tiempo, el espacio entre las mismas y las respuestas NO son tiempo de tortura o
castigo sino de aprendizaje.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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