viernes, 6 de septiembre de 2019

Y ¿Qué esperábamos nosotros?




“Y se burlaron de él”
(Lucas 8:53).

Jairo, un principal de la sinagoga de los judíos, ve enferma de muerte a su hija, y lo primero que piensa es: “En la ciudad hay un hombre ungido que está haciendo milagros, yo voy a encontrarme con él” (Juan 8:41-42). Sólo como lección preliminar: ¿Ya nos dimos cuenta que Jairo, siendo miembro “principal” de la sinagoga, NO pudo encontrar entre los líderes y dentro de la sinagoga a alguien “ungido” que hiciera lo que el Cristo estaba haciendo en las “calles”, y por ello, se ve en la necesidad de salir a buscarlo? (Quien tenga oído para oír que oiga). Bueno, pues Jairo va y encuentra al Cristo, pero una multitud le rodea a tal grado que en lo que Jairo puede alcanzar a hablar con Cristo, su hija muere. Sin embargo, Cristo escucha la angustia, y dice: ¡No temas!. Preguntamos: ¡Cuántas son las incontables ocasiones en las que creemos que Dios NO escucha nuestras oraciones, solamente porque no las responde en el momento en el que nosotros queremos o creemos que deben ser respondidas, sin embargo, él sí las escuchó, solamente que las responderá cuando más convenga a los propósitos eternos de él. Pero veamos el contexto: “Entrando el Cristo a la casa NO DEJÓ QUE NADIE ENTRARA, solamente Pedro, Jacobo y Juan” (Juan 8:51). Los más ÍNTIMOS. Dichosos los íntimos del Señor que hoy, ven sus milagros (respuestas a sus oraciones), aún y cuando NO estén dentro de una sinagoga, y muy a pesar de que haya personas que se “burlen” de ellos o los menosprecien. ¿Pues, si eso (la burla) le sucedió al Cristo, qué esperábamos nosotros? (verso 53).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa. 




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