“Y se burlaron de él”
(Lucas 8:53).
Jairo, un principal
de la sinagoga de los judíos, ve enferma de muerte a su hija, y lo primero que
piensa es: “En la ciudad hay un hombre ungido que está haciendo milagros, yo
voy a encontrarme con él” (Juan 8:41-42). Sólo como lección preliminar: ¿Ya nos
dimos cuenta que Jairo, siendo miembro “principal” de la sinagoga, NO pudo
encontrar entre los líderes y dentro de la sinagoga a alguien “ungido” que
hiciera lo que el Cristo estaba haciendo en las “calles”, y por ello, se ve en
la necesidad de salir a buscarlo? (Quien tenga oído para oír que oiga). Bueno,
pues Jairo va y encuentra al Cristo, pero una multitud le rodea a tal grado que
en lo que Jairo puede alcanzar a hablar con Cristo, su hija muere. Sin embargo,
Cristo escucha la angustia, y dice: ¡No temas!. Preguntamos: ¡Cuántas son las
incontables ocasiones en las que creemos que Dios NO escucha nuestras
oraciones, solamente porque no las responde en el momento en el que nosotros
queremos o creemos que deben ser respondidas, sin embargo, él sí las escuchó,
solamente que las responderá cuando más convenga a los propósitos eternos de
él. Pero veamos el contexto: “Entrando el Cristo a la casa NO DEJÓ QUE NADIE
ENTRARA, solamente Pedro, Jacobo y Juan” (Juan 8:51). Los más ÍNTIMOS. Dichosos
los íntimos del Señor que hoy, ven sus milagros (respuestas a sus oraciones),
aún y cuando NO estén dentro de una sinagoga, y muy a pesar de que haya
personas que se “burlen” de ellos o los menosprecien. ¿Pues, si eso (la burla)
le sucedió al Cristo, qué esperábamos nosotros? (verso 53).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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