martes, 17 de septiembre de 2019

Un error muy grande.




“Ignoráis las escrituras y el poder de Dios”.
(Mateo 22:29).

El escritor de Hebreos (10:25) nos exhorta: “Por ningún motivo os dejéis de congregar”. Pero, notemos que CLARAMENTE mencionó en “dónde”, “cómo” y con “quiénes”. Veamos: “Dónde”: En cualquier lugar, porque en donde dos o tres se reúnan en SU nombre, allí estará él (Mateo 18:20 compárelo con Hebreos 10:19). Nos dice “Cómo”: Con “corazón sincero” (sin intereses mundanos); en “plena certidumbre de fe” (sin dudas, tan sólo con la certeza de que él estará allí, nos escuchará y nos quiere responder); “purificados los corazones” (esto es arrepentidos de nuestra antigua forma de vida y renovados espiritualmente) (entendiendo que lo espiritual NO es un juego en donde pequemos, nos arrepintamos, confesemos y volvemos a pecar, nos arrepintamos, confesemos y volvamos a pecar… sino es un CAMBIO REAL DE VIDA, visible para los otros y provechoso para nosotros), quizás por ello es que termina diciéndonos: “lavados los corazones” (Hebreos 10:22). En otras y pocas palabras, Dios nunca nos condenará por no reunirnos en un “lugar” en donde se mercantiliza su palabra, pero sí nos condenará si no tenemos una relación “íntima, constante y honesta con él”, y con personas que lo buscan en espíritu y verdad (Juan 4:23). Ya se preguntó usted: ¿Cómo, en dónde y con quiénes se reunían los creyentes en los primeros 300 años del Cristianismo? (escondidos, no en templos). Meditemos y NO cometamos un error muy grande “ignorando” las escrituras y el poder de Dios.

Nota: Analice, si el Cristo NO entró para quedarse sino para sacar gente a las sinagogas en donde se suponía se pregonaba al Dios vivo; qué motivo tendría hoy si viniera, para entrar a un centro en donde se pregona el mercantilismo y el egocentrismo de un ser humano. Y en donde se está más preocupado y ocupado con la reunión de jóvenes, de damas, cena de matrimonios, etc. que del alma angustiada de alguien o de la carencia de trabajo de un padre de familia. ¡No cometamos un error tan grande!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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