“Encubierto… para los
que se pierden”
(2ª. Corintios 4:3)
Cristo, predicando
por las ciudades y las aldeas, se hace acompañar de un grupo de mujeres que le
servían y de sus apóstoles. En una ocasión, narra la analogía de la Palabra de
Dios como una semilla (Lucas 8:11). Luego de narrar la parábola, sus discípulos
cuestionan al Cristo de por qué habla por parábolas y no claramente. Y, la respuesta a “los suyos” es: “A vosotros
os es dado conocer los misterios del reino, a los otros no, sino por parábolas
para que no entiendan” (Lucas 8:10). ¿Acaso podemos explicar con mayor claridad
nosotros, que el mensaje de Dios solamente lo van a entender a quienes les sea
dado entenderlo? (1ª. Corintios 2:14). Nos explica el apóstol en esa misma
porción de escritura que para los NO creyentes, el evangelio simplemente es una
“locura”. El evangelio es tan sencillo, que de tan sencillo se complica para el
no creyente. Pues, cómo es posible que una deuda tan grande como lo es nuestra
sentencia por el pecado, sea perdonada por un simple: ¡Me arrepiento Señor y
quiero que me ayudes a cambiar!. La explicación es tan sencilla como el mismo
dilema: “Tenemos un Dios tan grande y tan misericordioso, que puede y quiere
hacer eso por nosotros, todo el secreto está en que nosotros querramos dejarlo
hacer”. Amén.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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