“Fue, y se ocultó de
ellos”
(Juan 12:36).
“Entonces los
principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ‘Qué
haremos? Porque éste hombre hace muchas señales… si le dejamos así, todos
creerán en él” (Juan 11:47-48). Y en Juan 12:36 se nos explica en el mismo
contexto que: “Cristo, fue, y se ocultó de ellos”. Cristo, el Ungido de Dios,
el Mesías, el Salvador del mundo, es perseguido y menospreciado no por el
pueblo sino por los principales, y no por algunos sino por todos (el concilio
completo dice). ¿Cuál es la razón de esa persecución? ¡Porque el Cristo hacía y tenía MUCHAS
SEÑALES! (Juan 11:47). Preguntas obligadas: ¿Si Cristo venía en representación
del mismo Dios que esos religiosos pregonaban, por qué no le recibieron a él?
¿Si ellos decían ser ungidos como Cristo, por qué no hacían ni tenían esas mismas
señales? Las respuestas nos las da el mismo texto inmediato: Los religiosos
expresaron en conjunto: “NUESTRO lugar santo será destruido” (Juan 11:48). Los
religiosos miraban el templo y las sinagogas como algo PROPIO, no como algo del
Señor. Es exageradamente curioso que todos los religiosos estuvieran en contra
de Cristo y por el mismo motivo… defendiendo SU conveniencia no la del Señor.
¿Por qué lo afirmamos? Pues porque éste es precisamente el momento en el cuál
el Sumo Sacerdote, el principal de todos los religiosos, decreta la muerte del
Mesías (vea el verso 53). Oremos y tengamos cuidado hoy en día, porque como
hace dos mil años, no serán los religiosos expuestos los que tienen y hacen
señales, sino serán los ungidos que están otra vez “ocultos”, “encerrados” en
sus aposentos, siendo preparados para el momento escrito en que han de aparecer
(Lucas 1:80), pero mientras tanto emblanqueciendo sus ropas en oración (Apocalipsis
7:14).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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