jueves, 23 de enero de 2020

Cuando no se le conoce… no pasa nada.




Había en la región de Corinto, siete hijos de un hombre llamado Esceva, que “invocaban” al Cristo porque habían “escuchado” que así lo hacía el apóstol Pablo (versos 13-14). E imponían manos sobre los enfermos para sanarlos, pero resulta que no pasaba nada. Es más, en un momento determinado los espíritus malos exclamaron: “A Jesús conocemos y sabemos quién es Pablo, pero vosotros ¿quiénes sois?” (verso 15). Dos mil años después estamos en similares condiciones, muchos, por intereses ocultos, tratan de copiar lo que leen que sucedió bajo el poder e influencia del Espíritu Santo, pero como están como Job antes de abrir el entendimiento que: “De oídas conocen a Jesucristo” imponen manos y no sucede nada. Clamemos porque los espíritus malos no nos digan: “A Jesús conocemos… pero tú ¿quién eres? No sea que tengamos que salir huyendo “desnudos y heridos” (verso 16).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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