Había en la región de
Corinto, siete hijos de un hombre llamado Esceva, que “invocaban” al Cristo
porque habían “escuchado” que así lo hacía el apóstol Pablo (versos 13-14). E
imponían manos sobre los enfermos para sanarlos, pero resulta que no pasaba
nada. Es más, en un momento determinado los espíritus malos exclamaron: “A
Jesús conocemos y sabemos quién es Pablo, pero vosotros ¿quiénes sois?” (verso
15). Dos mil años después estamos en similares condiciones, muchos, por
intereses ocultos, tratan de copiar lo que leen que sucedió bajo el poder e
influencia del Espíritu Santo, pero como están como Job antes de abrir el
entendimiento que: “De oídas conocen a Jesucristo” imponen manos y no sucede
nada. Clamemos porque los espíritus malos no nos digan: “A Jesús conocemos…
pero tú ¿quién eres? No sea que tengamos que salir huyendo “desnudos y heridos”
(verso 16).
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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