Pero existe un peligro más grande aún, y ese es: “No
tener dinero y aún así amarlo”. Una persona con ese problema tiende a cometer
errores demasiado evidentes, verbigracia: Es “sumiso” por conveniencia pero en
realidad tiene una meta prefijada, el provecho personal (Hechos 8:19). Aparenta
ser “servicial” pero todas las personas notan que tiene un falso interés
(Hechos 8:20). Se cree con el “derecho” a recibir sin haber trabajado o
habiendo trabajado lo mínimo (Mateo 20:10). Este último ejemplo, acaso es el
más claro en éste tema. Porque muchos “SOBREVALUAMOS” nuestras capacidades,
nuestro esfuerzo, nuestra lucha, nuestros servicios y pensamos que “merecemos”
más de lo que recibimos. La prueba que es así, es la “frustración” que
mantenemos. Cuando esa frustración es insoportable empezamos a “quejarnos”; a
“echar en cara” lo que hicimos con tanto amor o dedicación; y más aún, mantenemos un “listado” apropiado a nuestras
exigencias para “recordarle” a la persona adecuada nuestro merecimiento, eso
les sucedió aún al apóstol Juan, aquél famoso “discípulo amado” (Mateo
10:35-37). ¿Cómo no podrá sucedernos a nosotros?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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