jueves, 9 de enero de 2020

El amor… al dinero (Parte final).




Pero existe un peligro más grande aún, y ese es: “No tener dinero y aún así amarlo”. Una persona con ese problema tiende a cometer errores demasiado evidentes, verbigracia: Es “sumiso” por conveniencia pero en realidad tiene una meta prefijada, el provecho personal (Hechos 8:19). Aparenta ser “servicial” pero todas las personas notan que tiene un falso interés (Hechos 8:20). Se cree con el “derecho” a recibir sin haber trabajado o habiendo trabajado lo mínimo (Mateo 20:10). Este último ejemplo, acaso es el más claro en éste tema. Porque muchos “SOBREVALUAMOS” nuestras capacidades, nuestro esfuerzo, nuestra lucha, nuestros servicios y pensamos que “merecemos” más de lo que recibimos. La prueba que es así, es la “frustración” que mantenemos. Cuando esa frustración es insoportable empezamos a “quejarnos”; a “echar en cara” lo que hicimos con tanto amor o dedicación; y más aún,  mantenemos un “listado” apropiado a nuestras exigencias para “recordarle” a la persona adecuada nuestro merecimiento, eso les sucedió aún al apóstol Juan, aquél famoso “discípulo amado” (Mateo 10:35-37). ¿Cómo no podrá sucedernos a nosotros?

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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