El apóstol Pablo hablando a los Corintios, explica la
función de un líder en la Iglesia: “Somos SERVIDORES” (cuya función es llevar
al impío a la fe) (1ª. Corintios 3:5). Y somos: “ADMINISTRADORES” (pero de los MISTERIOS
de Dios, no de su dinero) (1ª- Corintios 4:1). Mucha parte del liderazgo actual
aún “no lo ha entendido” después de dos mil años, y es por eso que se creen
SOCIOS de Dios manejando “SU” dinero (de Dios) a placer, antojo y provecho
propios. El dinero (el nuestro, el que viene de nuestro trabajo) nos sirve para
llenar primeramente nuestras necesidades, y, si tenemos suficiente, para
compartir y apaciguar las penas de los hermanos (veamos Hechos 4:32 y 34). Pero,
repetimos, con respecto a Dios, estamos para “administrar” sus “misterios” (no
SU dinero) pues NO nos llamó ni nos invitó como socios. Dichos “misterios”, NO los
recibiremos si no pasamos tiempos con él con un “honesto corazón”. No buscando
la vanagloria personal, ni el poder, ni sus riquezas, ni sólo sus beneficios.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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