El libro de los
Hechos capítulo 18 y versos 24 al 28 nos hablan de un hombre “instruido en las
escrituras y elocuente en habla” que predicaba en Alejandría, su nombre era
Apolos. Además, poseía un “espíritu fervoroso” en el Señor con el cual enseñaba
diligentemente, pero, mostraba dos limitaciones: 1- Tenía “solamente” un corto
conocimiento de la palabra de Dios, muy a pesar de su dedicación a ella (verso
25). Y 2- No conocía “exactamente”, nos dice el verso 26, el camino del Señor.
Ese camino era el evangelio de Jesucristo, el de la Cruz (vea verso 28). Hoy,
muchos somos como Apolo, “instruidos” y algunos hasta “elocuentes”; muchos también
“diligentes” en predicar, pero carecemos de las otras dos características: Pues
tenemos un “limitado” conocimiento de la palabra de Dios, y dos, no logramos
“entender” exactamente el mensaje de la cruz. Necesitamos más que un espíritu
fervoroso, necesitamos ser “amigos” de Dios no sólo siervos (Juan 15:15) para
conocerlo, entenderlo, y entonces, predicarlo.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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