lunes, 29 de abril de 2019

¿Alguna vez nos lo preguntamos?




“Fosa profunda es la boca de la mujer extraña”
(Proverbios 22:14).

¿Alguna vez nos hemos preguntado el por qué Dios advierte tanto al hombre en las escrituras acerca de la mujer ajena (Proverbios 2:16), de la ramera (Proverbios 6:26), de la mujer que halaga con sus palabras (Proverbios 2:16) etc. y advierte tan poco acerca de los hombres promiscuos, cuando se supone que el hombre tiene más testosterona que la mujer progesterona? La escritura nos lo explica así: “El hombre no fue engañado primero, sino la mujer fue engañada primero” (1ª. Timoteo 2:14). Y, por ello, Dios sentenció: “Y tu deseo, será para tu marido, y él se enseñoreará (*) de tí” (Génesis 3:16). Y las escrituras agregan: “Y la mujer esté sujeta a su propio marido” (Efesios 5:22)… sobre todo, si éste está sujeto a Dios (verso 23).. Y, ¿alguna vez se ha preguntado el por qué las escrituras hablan sin fin de veces de proteger a la viuda pero jamás de proteger al viudo? Porque la sentencia de Dios al hombre no fue para “dependencia”, sino para sacrificio: “Y comerás el pan con el sudor de tu frente” (Génesis 3:17-19). Y ¿la razón?... Por haber “obedecido” la voz de su mujer.

Nota: Enseñorear (Mashal): “Ser dueño; tener el dominio de… ser Señor de…”.  Lo que Dios sentenció fue sencillamente la “dependencia” de la mujer hacia el hombre y el dominio que éste iba a tener sobre ella (1ª. Corintios 7:39), pero, más adelante también hace ver que el hombre DEBE “depender” de Dios (1ª. Corintios 11:3). Si observamos alrededor nuestro veremos que (en su mayoría) las mujeres que tiene esposo se sienten mucho más seguras y protegidas que quienes no lo tienen.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





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