“Fosa profunda es la boca de la mujer extraña”
(Proverbios 22:14).
¿Alguna vez nos hemos preguntado el por qué Dios advierte tanto al
hombre en las escrituras acerca de la mujer ajena (Proverbios 2:16), de la
ramera (Proverbios 6:26), de la mujer que halaga con sus palabras (Proverbios
2:16) etc. y advierte tan poco acerca de los hombres promiscuos, cuando se
supone que el hombre tiene más testosterona que la mujer progesterona? La
escritura nos lo explica así: “El hombre no fue engañado primero, sino la mujer
fue engañada primero” (1ª. Timoteo 2:14). Y, por ello, Dios sentenció: “Y tu
deseo, será para tu marido, y él se enseñoreará (*) de tí” (Génesis 3:16). Y
las escrituras agregan: “Y la mujer esté sujeta a su propio marido” (Efesios
5:22)… sobre todo, si éste está sujeto a Dios (verso 23).. Y, ¿alguna vez se ha
preguntado el por qué las escrituras hablan sin fin de veces de proteger a la
viuda pero jamás de proteger al viudo? Porque la sentencia de Dios al hombre no
fue para “dependencia”, sino para sacrificio: “Y comerás el pan con el sudor de
tu frente” (Génesis 3:17-19). Y ¿la razón?... Por haber “obedecido” la voz de
su mujer.
Nota: Enseñorear (Mashal): “Ser dueño; tener el dominio de… ser Señor de…”. Lo que Dios sentenció fue sencillamente la “dependencia”
de la mujer hacia el hombre y el dominio que éste iba a tener sobre ella (1ª.
Corintios 7:39), pero, más adelante también hace ver que el hombre DEBE “depender”
de Dios (1ª. Corintios 11:3). Si observamos alrededor nuestro veremos que (en
su mayoría) las mujeres que tiene esposo se sienten mucho más seguras y
protegidas que quienes no lo tienen.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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