“Os abro las ventanas de los cielos”.
(Malaquías 3:10).
“Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala
gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2ª. Corintios 9:7).
El apóstol Pablo, jamás predicó del diezmo, pero sí predicó toda su vida acerca
de compartir de lo mucho que recibimos del Señor. Y eso nos lleva a que demos
sin cuantificar cuánto ganamos. El diezmo, muchos lo ven como una carga
impuesta por los líderes (que de hecho lo es), en lo personal lo vemos como una
limitante, que líderes con poca fe, imponen a sus congregaciones (con tal de
recibir algo), y que, por “esa” religiosidad le impiden más bendiciones a quien
se limita a dar tan sólo eso. Nos explicamos, hace muchos años conocimos a
alguien que le pesaba dar el diezmo, poco tiempo después casi perdió todo lo
que tenía (no daba con gusto sino por obligación). En otro sentido, conocimos
en ese mismo tiempo a alguien que daba no sólo lo que correspondería como
diezmo sino mucho más y Dios le bendecía cada vez más. La razón, ya la dijo el
apóstol: “Tenemos que dar, NO IMPORTA CUÁNTO, pero con el corazón alegre, con
gratitud, con empatía por la necesidad ajena”. A Dios, NUNCA le vamos a ganar en dar.
Nota: Dios no quiere ni necesita nuestro dinero (Las mejores pruebas de
ello son que: 1- Ni un solo centavo de lo que damos le llega a Dios, y 2- El sempiterno
mal manejo de esos fondos (Mateo 23 completo). Dios lo que desea es que
aprendamos a dar con generosidad como él lo hace con nosotros. Siendo que
nosotros mismos somos de él, cuánto más, lo que poseemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario