miércoles, 24 de abril de 2019

Nunca le vamos a ganar.




“Os abro las ventanas de los cielos”.
(Malaquías 3:10).

“Que cada uno  como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2ª. Corintios 9:7). El apóstol Pablo, jamás predicó del diezmo, pero sí predicó toda su vida acerca de compartir de lo mucho que recibimos del Señor. Y eso nos lleva a que demos sin cuantificar cuánto ganamos. El diezmo, muchos lo ven como una carga impuesta por los líderes (que de hecho lo es), en lo personal lo vemos como una limitante, que líderes con poca fe, imponen a sus congregaciones (con tal de recibir algo), y que, por “esa” religiosidad le impiden más bendiciones a quien se limita a dar tan sólo eso. Nos explicamos, hace muchos años conocimos a alguien que le pesaba dar el diezmo, poco tiempo después casi perdió todo lo que tenía (no daba con gusto sino por obligación). En otro sentido, conocimos en ese mismo tiempo a alguien que daba no sólo lo que correspondería como diezmo sino mucho más y Dios le bendecía cada vez más. La razón, ya la dijo el apóstol: “Tenemos que dar, NO IMPORTA CUÁNTO, pero con el corazón alegre, con gratitud, con empatía por la necesidad ajena”.  A Dios, NUNCA le vamos a ganar en dar.

Nota: Dios no quiere ni necesita nuestro dinero (Las mejores pruebas de ello son que: 1- Ni un solo centavo de lo que damos le llega a Dios, y 2- El sempiterno mal manejo de esos fondos (Mateo 23 completo). Dios lo que desea es que aprendamos a dar con generosidad como él lo hace con nosotros. Siendo que nosotros mismos somos de él, cuánto más, lo que poseemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario