“Yo soy el camino”
(Juan 14:6).
Durante siglos, el
pueblo de Dios había sido guiado por líderes acomodados que interpretaban y
usaban la ley a su sabor, antojo y beneficio (Hechos 7:52), SI, aunque nos
cueste creerlo fue el “liderazgo” quien prostituyó la palabra de Dios (Mateo
23:13). El resultado fue un pueblo “ignorante” de la verdad, y dicha ignorancia
le valió una vida de “dependencia ciega e intimidatoria”, que, hasta los
mantenía en una pobreza material, pues eran explotados económicamente
especialmente los más vulnerables (Mateo 23:14). Fue por ello, que cuando el
Cristo hizo su aparición en lugar de presentarlo como tal, fueron precisamente
ellos (liderazgo) quien lo rechazó, lo señaló, lo acusó, lo juzgó y lo condenó.
Veamos cómo sucedió: “Ni tenéis
en cuenta que os es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que
toda la nación perezca” (Juan 11:50), y, ¿Sabemos quién expresó esta condena
contra el Cristo?. Pues nada más ni nada menos que Caifás, el “sumo sacerdote”
entre el liderazgo. Hoy, la iglesia del Señor está pasando por momentos
similares, muchos pero muchos son los líderes que están abusando y usando de la
palabra de Dios para hacer dependientes de ellos y no de Dios a las ovejas,
pero pronto vendrá el Cristo, sólo que ésta vez los juzgados y los condenados
serán otros (Apocalipsis 20:12). La pregunta no es cuál es el camino sino
quién. Y la respuesta no es un liderazgo sino Cristo.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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