“Y por la mañana volvió al templo”
(Juan 8:2).
Todo el tiempo nos hacemos muchos cuestionamientos acerca de si “dentro”
del pueblo de Dios se puede dar esto o aquello. Todo el capítulo 8 de Juan se
desarrolla “dentro” del templo, lugar al que sólo podían entrar quienes eran
“pueblo de Dios” (Juan 8:2). Y veamos lo que sucede en ese contexto: 1- La
hipocresía de los líderes (pues se menciona explícitamente a escribas y fariseos,
verso 3), que traen a la mujer adúltera… pero no traen al varón adúltero como
lo especificaba la ley (Levítico 20:10). 2- Asistían entre las congregaciones
personas que creían de corazón, pero las había que asistían por conveniencia
(Verso 28 y 30). Los sinceros “oían y obedecían” (versos 31-32), pero los que
estaban por conveniencia seguían en sus pecados (verso 34). 3- Quienes no
querían “recibir o entender” la verdad (versos 43,45 y 47) atacaban a quienes
la llevaban, por las “supuestas” deficiencias de quienes se las presentaban
(versos 41 y 48). 4- Quienes no estaban en la verdad buscaban su gloria y no la
de Dios (versos 50 y 54). Repetimos, TODO esto sucedió DENTRO del templo, en
donde solamente entraba el pueblo de Dios. Y, el protagonista de ésta historia
en Juan 8, es nada menos que el Cristo. Hoy, lastimosamente, vemos los
mismísimos protagonistas en la Iglesia. ¡Cuidémonos!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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