martes, 30 de abril de 2019

Traspasando el Rubicón.




“Hay pecado de muerte”
(1ª. Juan 5:16).

¡Se está hablando de muerte natural… NO espiritual!  Narra la historia que cuando Julio César venía de conquistar la Galia, tenía que llegar al Senado y someterse voluntariamente a Pompeyo para un juicio por desobediencia, pero, si en lugar de ello, traspasaba con su ejército el río Rubicón, entonces sería considerado un rebelde y automáticamente tenía que purgar un castigo. El no dejaba de ser un romano, el no perdía su naturaleza de soldado, y ni siquiera el de comandante, pero, repetimos, tenía que purgar un castigo. Espiritualmente, podemos decir que las escrituras consideran “traspasar el Rubicón” cuando cometemos desobediencia (Levítico 26:14-26), y, por ello, tendremos que someternos a purgar un castigo. Dios nos ha establecido leyes a los creyentes (los no creyentes no tienen por qué cumplirlas), y, si las quebrantamos estamos sujetos a pagar las consecuencias (*). Y alguien podrá decir: “Si es así, entonces me salgo”. Déjenos explicarle algo, si nosotros en verdad hicimos una confesión de fe, ya somos parte del pueblo de Dios, por lo tanto, lo que implica que si decimos que nos “salimos” es simplemente porque NUNCA fuimos parte (Juan 3:6). Un inglés nunca dejará de ser inglés; un noruego nunca dejará de ser noruego, si nosotros en realidad aceptamos a Cristo, nunca dejaremos de ser un creyente.  

(*) Un creyente, por pecar NO deja de ser un creyente (Juan 3:6), no pierde ni siquiera su llamamiento (Romanos 11:29; Juan 17:1), aunque sí tiene que purgar su pena.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario