“Buscar lo bueno y no lo malo”
(Amós 5:14).
Aún y cuando no lo decimos, tanto creyentes como no creyentes hemos
creído en algún momento que la “bendición” de Dios implica necesariamente
“prosperidad”. Dios, quiere, puede y tiene con qué prosperarnos. Ahora bien,
tenemos que entender que el sólo hecho de estar bajo la cobertura de él ya es
bendición, pero no implica necesariamente que tengamos prosperidad.
Ciertamente, en su soberanía, él hace y da lo que quiere con quien él quiere
(Romanos 9:15). Pero, como en todo, hay requisitos mínimos a cumplir para poder
ser prosperados… y entonces, Dios honra su palabra y prospera (Deuteronomio
28:1-2). Veamos: ¿Cuáles son esos requisitos mínimos? 1- Oír atentamente SU voz en la intimidad con
él, no la de ningún hombre por santo que nos parezca (Deuteronomio 28:1 y
Jeremías 17:5). 2- Guardar lo que nos dice a nosotros en lo personal por medio
de la oración, su palabra, señales, sueños, etc. (Deuteronomio 28:1). 3- Poner por obra
lo que nos dijo hacer o decir (Deuteronomio 28:2). Si cumplimos éstos mínimos
requisitos: ¡Entonces…ABRIRÁ su buen tesoro, y nos dice cuál es ese tesoro… EL
CIELO! (Deuteronomio 28:12).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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