“El que aparta su
oído para no oír la ley”
(Proverbios 28:9).
Muchas veces escuchamos
que creyentes que luchamos por buscar a Dios, y buscamos genuinamente agradarle
resulta que no palpamos respuesta a nuestras oraciones; que no encontramos una
solución o una respuesta a nuestros problemas. Vemos también cómo esa falta de
respuestas afecta aún al liderazgo mismo, y, ya en extrema instancia seamos o
no líderes, podemos llegar a creer que es por algún pecado que Dios no nos
responde; que Dios no nos escucha como a otros; o, simplemente que no nos
quiere como a otros. La escritura nos muestra que no debemos confundir la “tardanza”
de Dios en respondernos con el pecado del impío (Proverbios 28:9). La tardanza
de Dios es para que aprendamos a tener paciencia, pues esa paciencia nos
llevará a la fe profunda que necesitamos en el liderazgo para poder llevar a
otros más adelante (Santiago 1:3-5). Que el Espíritu Santo es poderoso y nos
puede inspirar a ayudar a otros, no lo dudamos; pero, cuando hemos pasado por
un camino entonces nos es más fácil entender más, y tener más empatía por quien
esté en otro momento pasando por allí. No confundamos entonces, la tardanza y
enseñanza de Dios con el pecado del impío.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario