lunes, 8 de abril de 2019

No confundamos la tardanza.




“El que aparta su oído para no oír la ley”
(Proverbios 28:9).

Muchas veces escuchamos que creyentes que luchamos por buscar a Dios, y buscamos genuinamente agradarle resulta que no palpamos respuesta a nuestras oraciones; que no encontramos una solución o una respuesta a nuestros problemas. Vemos también cómo esa falta de respuestas afecta aún al liderazgo mismo, y, ya en extrema instancia seamos o no líderes, podemos llegar a creer que es por algún pecado que Dios no nos responde; que Dios no nos escucha como a otros; o, simplemente que no nos quiere como a otros. La escritura nos muestra que no debemos confundir la “tardanza” de Dios en respondernos con el pecado del impío (Proverbios 28:9). La tardanza de Dios es para que aprendamos a tener paciencia, pues esa paciencia nos llevará a la fe profunda que necesitamos en el liderazgo para poder llevar a otros más adelante (Santiago 1:3-5). Que el Espíritu Santo es poderoso y nos puede inspirar a ayudar a otros, no lo dudamos; pero, cuando hemos pasado por un camino entonces nos es más fácil entender más, y tener más empatía por quien esté en otro momento pasando por allí. No confundamos entonces, la tardanza y enseñanza de Dios con el pecado del impío.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario