martes, 9 de abril de 2019

¿Quién manda el dueño o los administradores?




“Mi Padre me las dio”
(Juan 10:29).

¿Qué tan lejos tiene que irse a vivir un hijo nuestro para que digamos: “ya no es mi hijo”?  ¿Qué falta tan grave debe cometer un hijo para que digamos: “ya no es mi hijo”? ¿Aún si se muere, lo desconocemos como hijo?  Si nuestras respuestas son: 1- Por lejos que se fuera; 2- Ninguna; y 3- Ni aún así.  Pensamos igual. Ahora bien, dejemos que la escritura nos responda acerca de éste punto. 1- Cristo dijo: “Mi Padre que me las dio (hablando de sus ovejas, nosotros los creyentes), que es MAYOR (es el dueño) que todos (los líderes administradores), y NADIE las puede arrebatar de la mano de mi Padre (Juan 10:29). Ahora veamos la parábola del Hijo pródigo: ¿Qué tan lejos se fue el hijo; qué tan buen uso hizo de la herencia; aún muerto espiritualmente… en qué momento el Padre dejó de llamarlo hijo… en qué momento el hijo dejó de llamarlo Padre? EN NINGUNO (Lucas 15). En otro sentido, dice la escritura que TODOS pecamos continuamente, por lo tanto, ¿Todos dejaríamos de ser hijos continuamente? NO. Nuestras faltas fueron corregidas por nuestros padres naturales pero nunca dejaron de llamarnos hijos; lo mismo hace Dios Padre con nuestras faltas espirituales, nos corrige pero nunca deja de llamarnos hijos. Si el “dueño” dice algo, quién es el “administrador” que se atreva a decir lo contrario? Arrepentimiento continuo, sí debe existir, de eso se trata nuestra caminata.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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