“Mi Padre me las dio”
(Juan 10:29).
¿Qué tan lejos tiene
que irse a vivir un hijo nuestro para que digamos: “ya no es mi hijo”? ¿Qué falta tan grave debe cometer un hijo para
que digamos: “ya no es mi hijo”? ¿Aún si se muere, lo desconocemos como
hijo? Si nuestras respuestas son: 1- Por
lejos que se fuera; 2- Ninguna; y 3- Ni aún así. Pensamos igual. Ahora bien, dejemos que la
escritura nos responda acerca de éste punto. 1- Cristo dijo: “Mi Padre que me
las dio (hablando de sus ovejas, nosotros los creyentes), que es MAYOR (es el
dueño) que todos (los líderes administradores), y NADIE las puede arrebatar de
la mano de mi Padre (Juan 10:29). Ahora veamos la parábola del Hijo pródigo:
¿Qué tan lejos se fue el hijo; qué tan buen uso hizo de la herencia; aún muerto
espiritualmente… en qué momento el Padre dejó de llamarlo hijo… en qué momento
el hijo dejó de llamarlo Padre? EN NINGUNO (Lucas 15). En otro sentido, dice la
escritura que TODOS pecamos continuamente, por lo tanto, ¿Todos dejaríamos de
ser hijos continuamente? NO. Nuestras faltas fueron corregidas por nuestros
padres naturales pero nunca dejaron de llamarnos hijos; lo mismo hace Dios
Padre con nuestras faltas espirituales, nos corrige pero nunca deja de
llamarnos hijos. Si el “dueño” dice algo, quién es el “administrador” que se
atreva a decir lo contrario? Arrepentimiento continuo, sí debe existir, de eso
se trata nuestra caminata.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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