martes, 23 de abril de 2019

Oíd pues… Sacerdotes. (Parte final).




“Oh sacerdotes… para vosotros es éste mandamiento”
(Malaquías 2:1).

Malaquías fue escrito, especialmente el capítulo dos para los líderes, para los sacerdotes, y eran ellos los responsables de guiar a la congregación pero se desviaron a tal grado, tanto en el “Pacto de Leví” (dirigir con honestidad e integridad al pueblo), como en la “Ordenanza de Judá” (guiarlos a una sana alabanza), que Dios emitió sentencia contra ellos, veamos cuan dura fue esa sentencia: 1- Enviaré maldición sobre vuestras bendiciones (Malaquías 2:2a), hemos sido testigos de cómo Dios está maldiciendo las generaciones de los líderes que están abusando del manejo y administración de la Iglesia hoy en día (es público, lo podemos leer en los diarios). 2- Os he hecho viles y bajos ante el pueblo de Dios (Malaquías 2:9a); es increíble la baja estima que se tiene del liderazgo hoy en día, al extremo que existen comercios que señalan: “Aquí, a pastores no se les confía crédito”, y no son pocas las ovejas que han sido alejadas de una congregación, aún y cuándo con Dios sí tengan relación. 3- Os dañaré la sementera (el campo de trabajo no tendrá multiplicación), años y años de trabajos y no hay fruto agradable (Malaquías 2:3a). 4- Os echaré al rostro el estiércol de vuestros animales y seréis arrojados juntamente con él (Malaquías 3:9b), serán como dijo Cristo en Mateo 7:21: “Que en su nombre hacen muchas cosas”… pero “El” no los conoce. ¿Para quién son éstas sentencias, para el pueblo o para los sacerdotes?

Nota: Necesitamos estar bajo la cobertura de un liderazgo que nos guía por la “sana” doctrina de Dios, y que nos guía a una “sana” alabanza que nos acerque a Dios y no al mundo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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