“Oh sacerdotes… para vosotros es éste mandamiento”
(Malaquías 2:1).
Malaquías fue escrito, especialmente el capítulo dos para los líderes,
para los sacerdotes, y eran ellos los responsables de guiar a la congregación
pero se desviaron a tal grado, tanto en el “Pacto de Leví” (dirigir con
honestidad e integridad al pueblo), como en la “Ordenanza de Judá” (guiarlos a
una sana alabanza), que Dios emitió sentencia contra ellos, veamos cuan dura
fue esa sentencia: 1- Enviaré maldición sobre vuestras bendiciones (Malaquías
2:2a), hemos sido testigos de cómo Dios está maldiciendo las generaciones de
los líderes que están abusando del manejo y administración de la Iglesia hoy en
día (es público, lo podemos leer en los diarios). 2- Os he hecho viles y bajos
ante el pueblo de Dios (Malaquías 2:9a); es increíble la baja estima que se
tiene del liderazgo hoy en día, al extremo que existen comercios que señalan:
“Aquí, a pastores no se les confía crédito”, y no son pocas las ovejas que han
sido alejadas de una congregación, aún y cuándo con Dios sí tengan relación. 3-
Os dañaré la sementera (el campo de trabajo no tendrá multiplicación), años y
años de trabajos y no hay fruto agradable (Malaquías 2:3a). 4- Os echaré al
rostro el estiércol de vuestros animales y seréis arrojados juntamente con él
(Malaquías 3:9b), serán como dijo Cristo en Mateo 7:21: “Que en su nombre hacen
muchas cosas”… pero “El” no los conoce. ¿Para quién son éstas sentencias, para
el pueblo o para los sacerdotes?
Nota: Necesitamos estar bajo la cobertura de un liderazgo que nos guía
por la “sana” doctrina de Dios, y que nos guía a una “sana” alabanza que nos
acerque a Dios y no al mundo.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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