“Ahora pues, hijos, oídme”
(Proverbios 5:7).
¿Qué sucede si nuestra pareja es la que no quiere complacernos, la que
no desea cumplir su parte en el mandato de Dios? Veamos unos versos bíblicos qué
es lo que nos dicen: 1- Er, hijo de Judá, toma mujer para sí, pero “actúa
malvadamente” (idolatría, Jueces 2:11), por lo que Dios le quita la vida
(Génesis 38:7), así, Judá pide a su hijo Onán que levante descendencia a su
hermano llegándose a su cuñada, pero Onán sabiendo que los hijos y la herencia
no serían suyos, cada vez que tenía relaciones íntimas con Tamar “echaba su
semen en tierra” para no procrear, cuál fue el resultado: ¡Jehová, también le
quitó la vida a Onán! (Génesis 38:1-10). El apóstol Pablo, señala: 1- “El
marido cumpla su deber conyugal con la esposa, asímismo, la mujer con el marido
(1ª. Corintios 7:3). “La mujer NO tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino
el marido; ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la
esposa” (verso 4). Y termina el consejo diciéndonos: ¡Si no estamos dispuestos
a esto, mejor no nos casemos! (verso 8 y 27). ¿Por qué? Porque la mujer casada (hombre
también) tiene que tener cuidado de las cosas “del mundo”, pues ya está sujeta
a su marido (esposa) hasta que éste-a mueran (versos 34 y 39).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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