¡Acerquémosnos pues, confiadamente!
(Hebreos 4:16).
Vemos todos los días a personajes que por el tipo de vida que llevan
hemos denominado “personajes públicos”, incluimos allí a políticos,
deportistas, académicos, etc. Pero, resulta que en muchos de esos casos, cuando
queremos acercarnos a ellos necesitamos atravesar una columna infranqueable de
personas que, generalmente, son más abusivas, prepotentes y groseras que el
mismo ente al que queremos acercarnos. Y, aún así, allí vemos a las masas
estrujarse y sacrificarse tres o cuatro horas antes de su presentación para
poder verlos, ya no digamos estar con ellos. Dios, creador de todo y de todos
(Salmo 24:1) “se mantiene disponibles y sin guaruras”… y anhelante de
recibirnos, y sin embargo, hay personas que se levantan, se acicalan, comen y
salen de su casa sin siquiera decirle: ¡Gracias por éste nuevo día! ¡Gracias
por mi vida! ¡Gracias por mi familia! ¡Gracias por todo lo que voy a recibir
hoy que me será agradable! ¡Gracias por lo que no vas a permitir que me pase
hoy porque me sería desagradable! Etc. El es tan bueno, que se conforma con que
nos levantemos y le digamos: ¡Gracias Señor! (Efesios 5:20). ¡Qué privilegio!
Tener disponible al Señor de Señores todo el tiempo y no tener qué hacer
antesala para estar con él… acerquémonos pues confiadamente a su trono de
misericordia.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario