viernes, 17 de mayo de 2019

He aquí, ahora somos siervos.




“Y estamos en grande angustia”.
(Nehemías 9:36).

Dios había prometido a Abraham, luego de elegirle como columna de un pueblo grande y santo (Génesis 12:2 y Nehemías 9:7), que le daría una tierra para su descendencia (Nehemías 9:8). La promesa se cumplió 430 años más tarde (Exodo 12:41), pero lastimosamente la única condición que Dios había puesto para que permanecieran en paz, fue rota (Nehemías 9:27). Así, el pueblo que debía ser amo y señor de la tierra y vivir en paz… se convirtió otra vez en siervo (Nehemías 9:36). ¿Cuál fue la razón?  El verso 28 de Nehemías nos la dice: “Una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de Jehová”. ¿No es acaso lo que nos sucede a nosotros?  Estamos en angustia en el desierto, el Señor nos lleva a tener paz y bienestar, y, en lugar de utilizar nuestro tiempo y nuestros recursos para glorificarle… los utilizamos para hacer lo malo y únicamente satisfacer nuestros deleites (Santiago 4:3). Alguien dijo: “No podemos esperar resultados diferentes si siempre hacemos lo mismo”, de la misma forma, si cuando Dios nos da estabilidad económica y emocional, las utilizamos egoístamente, no podemos esperar resultados distintos a los que su pueblo obtuvo en la antigüedad. Sólo por su misericordia el pueblo no fue consumido (Nehemías 9:31) la misma misericordia está sobre nosotros… pero no abusemos. No vayamos otra vez a ser siervos pudiendo ser amos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.






No hay comentarios.:

Publicar un comentario