lunes, 6 de mayo de 2019

Guarda consejo. (Parte uno).




“Ahora pues, hijos, oídme”
(Proverbios 5:7).

Cuando queremos que algo se cumpla o se realice bien, acostumbramos por generaciones a decirles a nuestros hijos, a nuestros empleados, o, a la persona indicada en el momento: ¡Oí bien, escucha bien, pone atención por favor! ¿Por qué? Porque queremos que la situación no se salga de control, porque necesitamos que las órdenes se ejecuten según lo previsto, porque no queremos tener consecuencias negativas. Bueno, Dios en éste Proverbio (5) nos está indicando lo mismo: ¡Oigan bien, escuchen bien, pongan atención por favor!. Quiere, pues, que abramos nuestros oídos y corazones físicos y espirituales porque no quiere que tengamos consecuencias negativas (verso 23). ¿De qué nos advierte primero que todo? Que NO pongamos oídos a las palabras de la mujer “ajena”, porque destilan miel, pero su fin es amargo como el ajenjo (verso 3-4). Sus pies nos llevan a la muerte, continúa diciéndonos (verso 5). Que no conoceremos nunca sus caminos, nos habla en tercer lugar (verso 6). Y, también, nos da la solución: ¡Aléjate de la puerta de su casa! (verso 8).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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