“Miras la paja en el ojo ajeno y no la viga que está en tu ojo”.
(Mateo 7:3).
Cristo en el sermón del monte nos exhorta a NO meternos en las vidas de
las demás personas, pues el trato de cada uno es “directamente” con Dios Padre.
Ahora bien, el problema está en que como en todo en la vida, ésta expresión de
Cristo la hemos tergiversado, pues muy aparte es “emitir” un juicio acerca del
actuar de nuestro prójimo (lo que sí es juzgarlo), y, muy distinto es “decir
una verdad” y que ésta persona se sienta aludida. Según las escrituras, el
primer proceder es pecado; pero, el segundo no. Pues “saber” hacer lo bueno y
no hacerlo es pecado (Santiago 4:17), también incluye saber “decir” lo bueno y
no decirlo. Es allí, en donde muchas personas que se sienten aludidas se
defienden con expresiones huecas como: ¿Quién te ha puesto por juez mío? ¿Por
qué te crees superior a mí? Etc. Expresar una verdad NO es juzgar a los aludidos;
NO es creerse superior a nadie. Cuando alguien “expone” un problema, un pecado,
un abuso, etc. pero da una solución NO está juzgando a nadie… y menos si se
incluye dentro del problema, simplemente está, repetimos, “exponiendo” el
problema.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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