“Por cuál de ellas me apedreáis”
(Juan 10:32).
Cristo, estando en el Pórtico de Salomón (Juan 10:23), en donde “sólo”
judíos podían estar (recordemos que sólo ellos eran salvos en ese tiempo), es
cuestionado por su doctrina y por su personal relación con el Padre (versos
27-29). Pero resulta que su propio pueblo no le cree, lo quiere expulsar del
templo, y además, lo quiere apedrear (verso 31). Cristo entonces expresa: “MUCHAS
buenas obras os he mostrado de mi Padre: ¿Por cuál de ellas me apedreáis?
(verso 32). Quienes hemos criado perros conocemos un dicho que se ha hecho muy
famoso: “Dale de comer a un perro durante tres días, y aún y cuando, le dejes
de dar comida el cuarto día, él creerá que tu eres bueno siempre; dale de comer a un hombre durante tres días,
y si el cuarto día no le das, él creerá que el malo eres tú para siempre”. Este
mismo pecado cometemos con Dios. Nos creemos merecedores de todo lo bueno,
queremos ser reconocidos, queremos ocupar los primeros lugares, queremos que se
nos honre, que se nos dé un lugar de eminencia, y, mientras eso sucede estamos
felices pero en cuanto deja de ser… entonces ponemos la mirada solamente en los
defectos de quienes creemos han dejado de honrarnos. No dejemos de hacer buenas
obras, aún y cuando, llegue el momento en que no sepamos por cuál de ellas… es
que somos apedreados.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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