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“Ahora pues, hijos, oídme”
(Proverbios 5:7).
¿Cuál será el secreto para que todo lo que dice el apóstol se cumpla? El
mismo nos da la respuesta: “Sujeción”. “Así como Cristo se sujetó a Dios Padre;
el hombre que se sujeta a Dios, tiene como recompensa que su esposa se sujete a
él” (1ª. Corintios 11:3). Así como Cristo no hizo nada por sí mismo sino lo que
miraba que el Padre hacía también él hacía, y todo fue para edificación (Juan
5:19). El esposo que se sujeta a Cristo no hará nada que dañe su persona, su
esposa, sus hijos, ni a la iglesia en sí (Colosenses 3:17). Un hombre sujeto a
Cristo no utilizará sus recursos (prioritariamente) en otro lugar que no sea su
familia, cuidar su cuerpo de vicios, y especialmente, de la mujer extraña
(Proverbios 5:8). Sí, un hombre no puede serle fiel a Dios tampoco lo podrá ser
con su esposa. Así también, si una mujer “tiene un esposo sujeto a Cristo” (es
más, la escritura menciona que aún si éste no lo estuviera ; 1ª. Corintios 7:13
y 39) y ella misma dice estar sujeta a Cristo, “debe y tiene” que sujetarse a
su esposo en todo, ya no puede dejar de pensar en las cosas del mundo, porque
si ella no cuida su techo y su lecho luego no puede reclamar el abandono o
desprecio (Efesios 5:22). Así como si el hombre no se sujeta a Cristo no puede
esperar apoyo de los cielos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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