martes, 8 de enero de 2019

Declarar... simplemente es pecado.

"Si eres Dios... !Ordena! que se conviertan en pan".
(Mateo 4:3).

Una "oración" a Dios por un favor, es una "petición o súplica" en un acto de humildad; pero una "declaración", es un pecado, pues es "retar a Dios". La respuesta y conclusión a éste tema la vemos en el Salmo 2 en los versos 1 al 3: "¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas?... Porque contra Jehová quieren romper sus ligaduras". En pocas palabras, cuando nosotros "oramos" le estamos pidiendo a Dios que: Si es "su voluntad" nos pueda librar de la atadura en que estamos (fue lo que Cristo hizo en el huerto). Pero, en cambio, cuando "declaramos" lo que hacemos es decirle: "No me importa cuál sea tu plan, simplemente quiero salir de aquí... ahora". !Declarar implica dar una orden! Las preguntas del millón son: ¿Puede alguien darle órdenes a Dios? ¿En dónde queda la soberanía de Dios? ¿Si no aprendemos la lección por salirnos voluntariamente del cautiverio, entonces cuándo la aprenderemos?  Sometámonos a Dios, no a nuestros caprichos, deseos o conveniencias (Santiago 4:7a). !No queramos romper las ligaduras que Dios nos pone!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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