“Hombres justos a
quienes su justicia los destruye”.
(Eclesiastés 7:15).
Hace 40 años
conocimos a un líder que cuando usted le invitaba a una copa de vino, se
enojaba en extremo pues decía que él era un “siervo” de Dios, y le miraba a
usted casi como si viera a un degenerado. No muchos años más tarde le vimos
caer en pecados serios (que fueron ventilados públicamente) que no vale la pena
mencionar, pues no es el caso. El punto es el siguiente, es muy fácil que en
los caminos del Señor nos lleguemos a creer más que otros por lo que hacemos o
por lo que dejamos de hacer. Es más, nuestra cuenta no es ni siquiera lógica:
Si yo no hago algo y usted sí, no es tan sólo una grada de diferencia entre
ambos sino dos, pues a la grada de pecado suyo le sumo la grada de lo que yo
miro como mi “santidad”, lo que me hace verlo como dos gradas de diferencia.
Volviendo al punto de la copa de vino (en lo personal no bebo desde hace 38
años porque soy alcohólico y no podría controlarlo). No olvidemos Juan 2:11:
“Esta fue, la PRIMERA de sus señales” (Cristo convirtiendo el agua en un
excelente vino). Un líder pues, que se sentía más justo que el Justo, qAquél
justo, que no sólo convirtió el agua en vino sino que lo sabía tomar. ¡No
permitamos que “nuestra” justicia (no la del Señor) nos destruya!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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