“No como el mundo la
da”
(Juan 14:27).
¿Quién no desea paz
en el mundo y en su vida? Precisamente no tener paz es una de las grandes
angustias del hombre moderno. La escritura nos profetizó que iba a llegar un
tiempo en la historia del mundo en el cuál todos íbamos a clamar por paz. Es
más, es una de las grandes señales profetizadas del final de la humanidad como
la conocemos hoy. El día en que oigamos por todos los rincones de la tierra a
las multitudes clamando por paz… ese será el tiempo del fin (1ª. Tesalonicenses
5:3). El punto importante es que, cuando ese día llegue ya será tarde, pues el
verso termina diciéndonos… entonces REPENTINAMENTE vendrá el fin. Ahora bien,
Cristo nos ofreció una paz que el mundo no da ¿Cómo es eso?. El punto es el
siguiente: En su oración testamento en Juan 17, Cristo le dice al Padre: “No te
pido que los SAQUES del mundo… sino tan sólo que los GUARDES de él” (17:15). El
mundo debiera ver en quienes nos decimos “creyentes” que el mismo problema, la
misma pena, la misma angustia que ellos llevan se puede soportar de una forma
distinta, esto es, sin murmuraciones, sin quejas, sino con abnegación, en
silencio y sobre todo con gratitud a Dios que nos quiso ver con ojos de
misericordia al ser elegidos (Efesios 1:1-6).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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