“No te he dicho que
si creyeres”.
(Juan 11:40).
Hoy en día, cualquier
religioso se hace llamar “creyente o cristiano”. Desde hace dos mil años, esa
definición quedó muy clara, haciéndonos ver que no se trataba de una nueva
religión, de una secta, ni tan sólo de reunirnos en un grupo o congregación…
sino de una forma o sistema de vida diferente a la del mundo. La base de poder
llamarse creyente o cristiano, está en creer en Cristo como nuestro suficiente
y efectivo salvador (Juan 3:16-19 y Hechos 11:26). Creer en algo o en alguien,
es depositar nuestra total confianza en ese algo o en ese alguien, en el caso
de quienes nos llamamos creyentes o cristianos, repetimos, lo está, en
depositarnos totalmente en Cristo. En otro sentido, Cristo, al igual que el
Padre, sabe qué es lo mejor para nosotros y cuándo es el mejor momento para
algo o para alguien (Isaías 55:8). Cristo amaba a Lázaro, sin embargo fue
“necesario” (necesitamos entender esto) que éste muriera para que la Gloria y
el verdadero amor de Dios fueran expuestos. ¿Cuántas veces no es “necesario”
que padezcamos alguna pena, limitación, desprecio, abandono, etc, para que
veamos la gloria de Dios? Pero para que
la veamos… necesitamos creer en él.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario