Ya sea por Chana o
por Juan como decía la abuela, siempre tenemos personas que no precisamente son
nuestros amigos o simpatizantes, y, por más que hacemos o dejamos de hacer para
acercarnos no lo logramos. El libro de los Salmos nos da una muy buena
solución: “Si mi pueblo tan sólo me escuchara y quisiera andar en mis caminos…
cuán pronto sometería yo a sus enemigos, dice Jehová” (Salmo 81:13). Un ejemplo
muy claro lo vemos entre Jacob y Esaú, Esaú cree que Jacob le robó la bendición
de la primogenitura a pesar que en realidad él la canjeó por comida (Génesis
25:27). Cuando se da cuenta de lo que hizo, entonces jura venganza a muerte
(Génesis 27:41). Jacob tiene que huir y regresará con mucho temor casi 20 años
más tarde (Génesis 32:7) con el siguiente clamor a Jehová: “Líbrame del poder
de mi hermano Esaú, pues tengo miedo de que me mate” (Génesis 27:11)… Y, como
Jacob era pueblo de Dios es escuchado y pudo ver: “Cuán pronto sometería Jehová
a su enemigo” (Génesis 33:4).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario