Hace tres mil años un
profeta (Jeremías) nos muestra ésta historia: “Todas sus puertas están
cerradas, sus sacerdotes gimen, y sus vírgenes están afligidas” (Lamentaciones
1:4). Hace dos mil años, se nos muestra ésta otra con el Cristo de
protagonista: “Y entrando al templo, echó fuera a todos los que vendían y
compraban en él” (Lucas 19:45). Vemos hoy, algo similar: “Las puertas de las
iglesias están cerradas en todo el mundo y muchos gimen”, y, quien es iglesia
(la verdadera) a pesar de estar siendo afligido en casa, al igual que nuestros padres
Noé (Génesis 8:20) Abraham (Génesis 12:7) el profeta Daniel (Daniel 6:10), y
como también lo hizo el Cristo cuando fundó SU iglesia en el principio…
haciendo altares (Hechos 1:13 y 2:1; Romanos 16:5; 1ª. Corintios 16:19). La
pregunta es: ¿No será acaso, que como “nunca” nos dimos cuenta que en lugar de
tomar el templo para casa de oración lo habíamos tomado para comprar y vender por avaricia (2ª. Pedro 2:3), Dios tuvo que
intervenir hastiado que estuviéramos haciendo lo mismo, para que meditemos, o
más aún, para sacudirla y limpiarla?
Señor: Danos un
HONESTO celo por tu casa.
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