miércoles, 8 de julio de 2020

¡Un pagano reprendiendo a un creyente!




Abraham, en clara desobediencia, y, en plena falta de fe que Dios le proveería de lo necesario para sobrevivir durante la hambruna, decide por cuenta propia ir a Egipto (Génesis 12:10). Resumiendo la historia podemos decir que Sara a pesar de sus 60s (Génesis 17:17), era aún una mujer hermosa, tanto así, que los príncipes y Faraón la desean (Génesis 12:15). Habiéndola tomado Faraón, Jehová trajo contra sí males, por lo que éste manda llamar a Abraham para “encararlo y reprenderle” (Génesis 12:18-20). Imagínese usted: “Un pagano impío… reprendiendo, no a un hombre de Dios sino más bien al hombre de Dios”. ¿A qué vamos?  A que hoy, en la “llamada” Iglesia usted como simple oveja NO tiene permitido hacerle ver a un líder su “error” porque se defienden con la triste excusa: ¡No tentarás al ungido del Señor! Y hasta corre riesgo de ser “expulsado” de la congregación si no se ¡somete! Utilizando muy vana y convenientemente una frase que fue exclusivamente para que David la utilizara con el Rey Saúl (1ª. Samuel 24:6). Meditemos, pues, con el “debido respeto” cualquiera debería enfrentar cara a cara a un superior cuando éste comete una falta (Gálatas 2:11).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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