Como hemos estado
viendo, es bueno conocer, respetar y guardar las leyes y normas que nos dio
nuestro Dios, pero, también es cierto que hay ocasiones en las cuales él mismo
nos autoriza y hasta nos manda que hagamos algo al margen de esas normas.
Ciertamente dicen las escrituras que nuestro sí, sea un sí firme. Pero, también
es cierto que el extremo del cumplimiento de esas leyes nos convierte en
“legalistas” y el legalismo es la levadura de los fariseos de la cuál tantas
veces advirtiera el Cristo a sus discípulos, pues se convierten en dañinas doctrinas
de hombres (Mateo 16: 6 y 12). No en balde el Cristo criticó tan drásticamente
a los religiosos por su extremismo en cumplimiento de las leyes como lo vemos
en Mateo 23:3: “Dicen pero no hacen”; y en Mateo 23:27: “Sepulcros blanqueados”.
Respetemos las leyes y las normas de Jehová nuestro Dios, pero no permitamos
que nos impongan ni nos impongamos nosotros ser TAN justos que muramos
(Eclesiastés 7:15).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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