miércoles, 15 de julio de 2020

Que tu sí, sea sí… pero que no te mate tu propia justicia. (Parte tres).




Como hemos estado viendo, es bueno conocer, respetar y guardar las leyes y normas que nos dio nuestro Dios, pero, también es cierto que hay ocasiones en las cuales él mismo nos autoriza y hasta nos manda que hagamos algo al margen de esas normas. Ciertamente dicen las escrituras que nuestro sí, sea un sí firme. Pero, también es cierto que el extremo del cumplimiento de esas leyes nos convierte en “legalistas” y el legalismo es la levadura de los fariseos de la cuál tantas veces advirtiera el Cristo a sus discípulos, pues se convierten en dañinas doctrinas de hombres (Mateo 16: 6 y 12). No en balde el Cristo criticó tan drásticamente a los religiosos por su extremismo en cumplimiento de las leyes como lo vemos en Mateo 23:3: “Dicen pero no hacen”; y en Mateo 23:27: “Sepulcros blanqueados”. Respetemos las leyes y las normas de Jehová nuestro Dios, pero no permitamos que nos impongan ni nos impongamos nosotros ser TAN justos que muramos (Eclesiastés 7:15).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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