jueves, 2 de julio de 2020

Dios mío, Dios mió ¿Por qué me has desamparado?




El Cristo recién acaba de ser tomado prisionero, víctima del “celo” de los líderes religiosos (Juan 11:49-51), y, de la “traición” de un amigo íntimo (Mateo 26:15). Ya dictada la sentencia, es puesto en la cruz en donde clama: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado? (Marcos 16:34). Aquél que nunca pecó se sintió desamparado en un momento de su vida, y nosotros, pecadores contumaces vemos su mano todos los días de la nuestra, sin embargo nos quejamos, murmuramos y no agradecemos. Hoy, el mundo se debate en la extinción de un orden económico que nos llevó al desastre, estamos prisioneros del sistema y prisioneros en nuestras propias casas, sin embargo, seguimos siendo “amparados” por nuestro Dios pues tenemos lo indispensable y persistimos sanos. El punto es el siguiente: Por qué mejor no cuestionamos aunque sea por un momento: Señor: ¿POR QUÉ, NOS HAS AMPARADO?  Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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