miércoles, 1 de julio de 2020

¡Para que NO entiendan!




Una de las parábolas más bellas e ilustrativas del Señor, la del sembrador y la semilla, fue dada junto al mar (Marcos 4:1). Al volver y estar a solas los discípulos le preguntan al Cristo: “Señor, ¿Por qué les hablas por parábolas? (a los religiosos)”. La respuesta es no solamente contundente sino desde nuestro punto de vista “aterradora”: ¡Para que viendo, no perciban; y para que oyendo, oigan pero NO entiendan… para que NO se conviertan! (Marcos 4:12). El rey Nabucodonosor tiene un sueño y al quedar en confusión,  manda llamar a Daniel y escucha éstas palabras: “Bendito el nombre de Dios, porque suyos son el poder y la gloria, él es quien revela lo profundo y escondido” (Daniel 2:1,20 y 22). Hoy, estamos, aunque muchos no lo entendamos… viviendo una parábola. Si tratamos de entenderla con la mente humana nos quedaremos como los religiosos sin respuesta alguna, o como el rey Nabucodonosor en confusión. Solamente Dios puede revelarnos el significado de lo que estamos viviendo (Jeremías 33:3).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  

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