Si algo le encanta a
Dios, es que seamos decididos, valientes (Mateo 12:11); y perseverantes (Mateo
24:13). Pero, también nos dejó dicho desde hace casi tres mil años: “No seas
DEMASIASIADO justo… ¿Por qué has de destruirte?” (Eclesiastés 7:15). Y como
diría cualquier persona ¿Y… entonces?. Veamos:
(para los que somos creyentes), nuestro padre Abraham tenía restringido ir a
Egipto pues era un símbolo de maldad, paganismo, idolatría y pecado, todo de lo
cual debemos apartarnos. Sin embargo, Dios mismo le dice en determinado momento
a Jacob, el hijo de Abraham: “No temas descender a Egipto… porque yo iré
contigo” (Génesis 46:46). Aquí hemos de ver varias lecciones: 1- Tenemos que
tener obediencia antes que nada delante de Dios, si él dice si, es sí; si él
dice no, entonces es no; y si dice espera, entonces hemos de esperar. 2- No
tomemos iniciativas propias, pues toda iniciativa trae consecuencias. 3- Aún y
cuando tomemos o dejemos de tomar acciones, en la justicia de Dios, si vamos
con una “palabra directa y comprobada de él… entonces nos irá bien”.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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