Y los otros dos conceptos son: 3- Que al practicar el
sexo, es justo que tanto la esposa como el esposo deben tener gozo y
satisfacción (Proverbios 5:18 y 1ª Corintios 7:3). 4- Que ni el hombre ni la
mujer en unión matrimonial tienen “autonomía” sobre su cuerpo, esto quiere
decir que ni el hombre es dueño de su cuerpo ni la mujer tampoco (1ª. Corintios
7:4). Y que, así como el hombre no debe “abusar” del cuerpo de ella; ella
tampoco debe “mercadear” con el suyo (1ª Corintios 7:4). En otras palabras, el
hombre tiene la obligación de ser un “caballero” con su pareja, no un abusador;
y ella una “dama”, no una ramera. Por lo tanto, cuando existe el “chantaje”
económico por parte de ella, o, el “menosprecio” sentimental por parte de él,
Dios lo desprecia y lo ve como una “abominación” aunque sea dentro del
matrimonio pues son prácticas paganas, y, como vimos traen consecuencias muy
fuertes (Levítico 20:23; Génesis 34:2y5; y Jueces 16).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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