Cuando Jehová da la
orden de hacer el Tabernáculo, y en él, poner los panes de la proposición
(Exodo 25:30 y 1ª. Reyes 7:48) da también la orden que no pueden ser tocados y menos
comidos por nadie que no fuera el Sumo Sacerdote y sus sacerdotes, pues esa o
esas personas morirían. Sin embargo, cuando David huye a Nod porque el Rey Saúl
le persigue, el sacerdote Ahimelec le provee panes de la proposición para que
sobreviva sin que Dios se enoje y los aniquile, el único requisito era que no
hubieran tenido relación carnal con una mujer en tres días (1ª. Samuel 21:4-5).
¿Cuál es el punto? Otra vez, Dios desea que nuestro sí, sea si; que nuestro no,
sea no; y que seamos justos, pero… que esa justicia no sea llevada tal extremo
que nos mate. Cuando realmente recibimos de Dios “autorización o aprobación”
para hacer o decir algo, podemos hacerlo y no moriremos.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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