martes, 14 de julio de 2020

Que tu sí, sea sí… pero que no te mate tu propia justicia. (Parte dos).




Cuando Jehová da la orden de hacer el Tabernáculo, y en él, poner los panes de la proposición (Exodo 25:30 y 1ª. Reyes 7:48) da también la orden que no pueden ser tocados y menos comidos por nadie que no fuera el Sumo Sacerdote y sus sacerdotes, pues esa o esas personas morirían. Sin embargo, cuando David huye a Nod porque el Rey Saúl le persigue, el sacerdote Ahimelec le provee panes de la proposición para que sobreviva sin que Dios se enoje y los aniquile, el único requisito era que no hubieran tenido relación carnal con una mujer en tres días (1ª. Samuel 21:4-5). ¿Cuál es el punto? Otra vez, Dios desea que nuestro sí, sea si; que nuestro no, sea no; y que seamos justos, pero… que esa justicia no sea llevada tal extremo que nos mate. Cuando realmente recibimos de Dios “autorización o aprobación” para hacer o decir algo, podemos hacerlo y no moriremos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario