“No debiste
alegrarte”
(Abdías 1:12).
Es algo natural en el
ser humano, el hecho de pensar que cuando alguien hace algo incorrecto, le “debe” sucede algo
malo. Ciertamente nuestras malas decisiones o nuestros errores debieran traer
consecuencias desagradables, pero no siempre Dios lo permite así. Veamos un
ejemplo: Había un hombre ciego de nacimiento (Juan 9:1), y los “religiosos” le
preguntan a Cristo: ¿Quién pecó, éste o sus padres? (en otras palabras buscando
un culpable, buscando una razón, buscando una consecuencia). Pero Cristo les
responde que muchos eventos en éste mundo suceden no por razón o consecuencia
alguna, sino simplemente porque Dios quiere “manifestar su gloria” (vea verso
3). Es por ello, que el profeta Abdías nos “recomienda” que NO estemos
expectantes a nuestros prójimos o hermanos cuando cometen errores, ni mucho
menos “alegrarnos” por lo que les pueda suceder negativamente. Somos muy dados,
especialmente cuando tenemos alguna dificultad con alguien, a esperar que les
suceda algo “desagradable” (por no decir malo) que nos dé la razón para
expresar que quien estaba en el error era el hermano o el amigo y no nosotros.
¡Eso, es precisamente lo que Dios quiere que NO hagamos! (Proverbios 24:17-18).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario