viernes, 5 de julio de 2019

El que da... recibe.




“Porque Dios no es injusto para olvidar las buenas obras”.
(Hebreos 6:10).

Dios no olvida “nunca” las buenas obras que hacemos, veamos un caso: Cornelio, un centurión de la guardia en Cesarea, era piadoso y temeroso de Dios, y por ello, hacía muchas ofrendas. Analicemos todo lo que esto conllevó a su vida: 1- Un día tuvo el privilegio que le visitara un ángel (Hechos 10:3); 2- Ese ángel le confirma que todas sus buenas obras, y sobre todo, todas sus oraciones habían sido tomadas en cuenta por Dios (Hechos 10:4); 3- Recibió la visita y una explicación del apóstol Pedro que Dios tiene elegidos entre los hombres, y que él, era uno de ellos (Hechos 10:41); 4- Cornelio, fue instrumento para que “todos” los que le visitaron en su casa ese día, recibieran la visita del Espíritu Santo junto con él (Hechos 10:44); 5- Todos fueron bautizado en agua ese día (NO para ser salvos, pues el bautismo NO es para salvación, sino para ser llenos del Espíritu Santo) (Hechos 10:47-48). ¿Queremos esas manifestaciones en nuestra vida? Entonces seamos dadivosos con lo que Dios nos dio a administrar, no sólo pensemos en nuestros deleites, pues quien piensa así, simplemente nunca recibe de Dios lo que pide “por mucho que lo proclame o declare”  (Santiago 4:3)

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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