“Y llamó a sí a los que él quiso”.
(Marcos 3:13).
Continuamente escuchamos personas hablar de Dios, pero especialmente las
escuchamos cuando están en grandes problemas o cuando desean obtener algo de
otras personas. De las expresiones que más impactan son: “En el nombre del
Señor”, o, “El Señor me dijo”. Pero resulta que en el nombre del Señor
solamente unos salen beneficiados, o, lo que el Señor dijo no se cumple.
Entonces ¿qué es lo que sucede?, sucede lo siguiente: Dios está “tan” al
alcance de las manos de cualquier pecador, que se ha abusado de ese privilegio,
y ahora, cualquier persona toma como bandera el nombre de Dios para alcanzar
sus fines. Las escrituras son muy claras en decirnos quien es el que realmente
ha sido “elegido” por Dios para tal o cual tarea y a quién realmente le ha
hablado, y, por lo tanto, respalda a quien viene en su nombre a hacer una
proclama (Marcos 3:13). Toda persona elegida por Dios, ha sido “probada y
aprobada” por él, con testigos que lo pueden ratificar y un primer rasgo
distintivo de esa persona es el “cambio de vida” que ha tenido (Efesios 4:22). En
segundo lugar, lo que dice y lo que hace son congruentes, “practica lo que
predica” (Tito 3:3). Y, en tercer lugar, en lo que dice que Dios le dijo vemos
“cumplimiento” (Mateo 1:22). Los doce apóstoles (Mateo 10:1-4) y Pablo (Hechos
9:15), fueron llamados. En ellos se ven todas éstas características.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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