“Hombres cabalgando
sobre nuestra cabeza”.
(Salmo 66:12).
En ocasiones la vida
nos pone bajo el manto de personas que aparentemente están por debajo de nosotros
social, cultural, económica, y aún, hasta espiritualmente hablando.
Lamentablemente en nuestro medio latino, eso no siempre trae “agradables”
consecuencias. La poca o mala educación; los prolongados abusos a los cuales
esa gente ha sido sometida; las limitaciones extremas en que han vivido por
generaciones, etc. han provocado grandes resentimientos que se llegan a
reflejar (no necesariamente en todos los casos, aclaramos) en situaciones como
la mencionada antes. Y, no debiera extrañarnos pues está escrito. Nos dice la
biblia que: “Se alborota la tierra cuando… el siervo reina; cuando… el necio se
sacia de pan; cuando… la mujer repudiada (divorciada) se casa; y cuando… la
sierva hereda a su señora -patrona- (Proverbios 30:22 y 23). ¿Por qué o para
qué permite Dios éstas situaciones en nuestra vida? ¡Para que mengüemos! Veamos, el Hijo de Dios se hace hombre (Filipenses
2:5-8), y ¿qué hacen los “religiosos” con él? Lo menosprecian, lo humillan, lo
tratan de avergonzar (Juan 8:41), tratando de recordarle que su madre había
resultado esperando antes del matrimonio, y que por lo tanto, él es un hijo de
vergüenza. Y sin embargo, nuestro Señor menguó, y no solamente eso, sino que
fue en silencio al matadero (la cruz) (Isaías 53:7), ¿a manos de quienes? De
personas que estaban “muy” por debajo de él.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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