“No hay quien pueda declarar”
(Daniel 2:11).
Muchos son los creyentes que para recibir una luz de lo que está en el
corazón de Dios, oran, ayunan, se sacrifican, y existen quienes hasta se
flagelan, pensando que esos son los “requisitos” indispensables para obtener
algo de Dios. Ciertamente en el pasado algunos de los grandes hombres de Dios
utilizaron éstos métodos y les fueron favorables, pero hemos de mencionar que
Dios es soberano y no necesita de sacrificios para favorecernos en cualquier
área (Oseas 6:6; Mateo 9:13). Veamos, Nabucodonosor, un rey impío, no oraba, no
ayunaba, no conocía siquiera a Dios, y sin embargo, ha sido el humano que más
revelación ha recibido acerca de los tiempos del fin (Daniel 2 completo),
también es verdadero que NO lo entendió y por ello tuvo que llamar a Daniel
para que se lo explicara. Otro caso, el ladrón de la cruz, no oraba, no ayunó
nunca, no asistió a una sinagoga, nunca donó dinero al templo, no conocía a
Dios siquiera, sólo clamó una vez y sin embargo, recibió de Cristo la promesa y
el cumplimiento que ese día, inmediatamente luego de su muerte, estaría en el
paraíso, por el sólo hecho de haberlo reconocido como el Hijo de Dios (Lucas
23:43). Repetimos, es muy cierto y hasta lógico, que buscando a Dios le
encontremos, pero no podemos descartar, que en su inmensa misericordia y
soberanía, él decida darle a otros lo que nosotros tanto buscamos (Romanos
9:18).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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